NUEVO ARTÍCULO | ¿A quién le creemos?

01 de Abril del 2025

¿A quién le creemos?
Los recientes episodios globales fortalecen la desinformación online

Por Elaine Ford*

Pareciera que los astros se alinean para sofocar nuestras democracias. Pero no son los astros, sino una serie de eventos ocurridos en los últimos meses que, en conjunto, generan una sensación de asfixia en las sociedades libres y democráticas, donde rige la libertad de expresión e información. En la actualidad, la desinformación parece fortalecerse y expandirse. La sucesión de hechos provoca la percepción de no saber en quién creer, pues la confianza se está resquebrajando. Mientras los mecanismos tradicionales de búsqueda de la verdad se debilitan, surgen nuevas estrategias que erosionan la credibilidad e integridad de la información.

La desinformación online es un problema que venimos enfrentando desde hace varios años. Experimentamos momentos álgidos durante la pandemia de COVID-19 y en periodos electorales en distintas partes del globo. Este fenómeno atraviesa todas las sociedades conectadas a Internet y a las tecnologías digitales y emergentes. Ante ello, se han promovido acciones colectivas para mitigar su impacto negativo en las personas y las sociedades.

Sin embargo, en los últimos tiempos, la situación se ha vuelto más compleja. Diversos factores han confluido de manera simultánea. Desde enero, se observa un poder tecnológico, representado por grandes corporaciones, estrechamente vinculado a la política de los Estados Unidos. La llegada del segundo mandato del presidente Donald Trump el pasado 20 de enero ha generado cambios rápidos y radicales que afectan, de manera directa o indirecta, la calidad de la información a nivel global.

Un actor clave en este escenario es el multimillonario Elon Musk, ahora a cargo de DOGE(1) en la administración Trump y propietario de la red social X (antes Twitter). X se ha convertido en un espacio dominado por la propaganda MAGA (Make America Great Again) y pro-Trump, con Musk compartiendo activamente estos contenidos y perdiendo toda objetividad. Además, la plataforma se ha llenado de hilos (threads) generados por cuentas falsas o impulsadas por inteligencia artificial (IA), así como de nuevos “influencers políticos" cuyos posts alcanzan rápidamente miles de likes gracias a bots y algoritmos que manipulan las tendencias del debate. ¿A quién debemos creer?

Otro hecho alarmante ha sido la decisión de Meta(2) de eliminar el proceso de verificación de hechos (fact-checking) en sus plataformas, en aras de proteger la libertad de expresión y evitar la censura. El anuncio de su CEO, Mark Zuckerberg, justo antes de la asunción de Trump, sorprendió a muchos, pues el nuevo modelo, a través de notas de la comunidad, no es acorde a las políticas implementadas desde 2016 en 115 países. Pero nada es casualidad: pocos días después del anuncio, se confirmaría la estrecha relación entre Trump y las grandes tecnológicas, incluyendo Meta.

Es crucial comprender que el fact-checking es esencial para combatir la desinfodemia. Dado el constante flujo de información en línea, es imprescindible apoyar esta labor para distinguir entre la verdad y la mentira, y evitar ser manipulados por contenidos engañosos que buscan influir en conductas y emociones. Ya hemos experimentado los efectos nocivos de la desinformación.

Además, otra decisión de Trump ha generado gran impacto: la suspensión de la cooperación internacional gestionada por USAID(3). Esta medida es contraria a la tradición de los Estados Unidos de promover en el mundo la democracia liberal y apoyar, mediante políticas de soft power, a organizaciones de la sociedad civil (OSC) en asuntos democráticos y humanitarios. Más allá de la oposición de Trump a la agenda Woke, esta decisión ha causado un impacto devastador en miles de organizaciones que trabajan en defensa del orden democrático. Esto significa el debilitamiento de la sociedad civil y el silenciamiento de millones de voces. Y, en el contexto de este artículo, también implica poner en pausa la labor de fact-checking y otras iniciativas que impulsan miles de OSC para combatir la desinformación online.

La situación es realmente preocupante, especialmente considerando las crecientes prácticas de creación de contenido falso mediante IA, las cuales son cada vez más sofisticadas. Las tecnologías emergentes permiten generar deepfakes, cheapfakes, audiofakes, avatares, chatbots y otros mecanismos que emplean modelos cognitivos de lenguaje, dificultando aún más la verificación de la autenticidad de la información.

Lo descrito nos muestra que la humanidad está cada vez más expuesta a un entorno adverso para sus libertades, lo que afecta directamente la manera en que nos informamos y comunicamos. Nos encontramos en un escenario donde no sabemos en quién confiar ni qué creer; donde la mentira es recurrente y la polarización domina el debate público, impidiendo distinguir con claridad entre lo correcto e incorrecto, entre el bien y el mal.

Es imperativo actuar y encontrar soluciones colectivas para recuperar la confianza perdida, especialmente en tiempos donde se fortalecen en el mundo los autoritarismos de todos los espectros políticos. Ha llegado el momento de repensar estrategias frente a los nuevos desafíos que emergen en el ámbito de la información.

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* Elaine Ford es directora fundadora de Democracia Digital en Perú y Latinoamérica. Es conferencista internacional, TEDx y autora de diversos libros, entre ellos: “El reto de la democracia digital. Hacia una ciudadanía interconectada” (2019). @elaforde
(1) DOGE por sus siglas inglés es el nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental creado por el presidente Donald Trump.
(2) La corporación Meta incluye a las redes sociales: Facebook, Instagram, Threads y el canal de mensajería WhatsApp.
(3) USAID por sus siglas en inglés es la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

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